Inocente inocente

Sé que se hizo esperar esta entrada, pero quería llegar al día de hoy, 28 de diciembre, que nos hemos pasado la jornada gastando bromas, para hablar de la presunción de inocencia (hay que tomarlo muy en serio).

Por desgracia, los medios de comunicación actúan en la mayor parte de las ocasiones como jueces parciales, llegando al extremo de criminalizar y acusar a alguien de haber realizado una acción no permitida por nuestras leyes (desde una pequeña falta hasta un delito gordo) sin que un juez haya dictado sentencia condenando a ese sujeto por la acción indebida que realizó.

Bien, por empezar por mí mismo y a raíz de los comentarios que se originaron con el asunto de Marta Domínguez, quiero volver a matizar que yo nunca la acusé de nada (simplemente me hice eco de las informaciones que se fueron dando en los medios de comunicación) y creo en su inocencia hasta que un juez dicte otra cosa. Eso no tiene nada que ver con la reflexión -que no compartían mis lectores- de que pienso que el cuerpo humano tiene unos límites, y por diversas razones (principalmente económicos por presiones de los patrocinadores) los deportistas no van a conseguir avanzar por sí solos y sin la ayuda de energías externas de las que produce el cuerpo humano. Por eso dije -y lo mantengo- que el deporte profesional no es sano. Creo, por tanto, que en mi artículo no enjuicié a nadie, sino que señalé que con Marta Domínguez se había caído un mito por el hecho de aparecer en los telediarios involucrada en casos de dopaje (matizo también que no era ella quien se dopaba, sino que supuestamente se encargaba de suministrar productos prohibidos), y nos guste o no, su imagen ya nunca va a ser la de antes (aunque salga inocente).

El compañero que me sugirió esta entrada me aconsejó centrarme en el Marca, pero yo solamente voy a utilizar un caso que fue una tremenda metedura de pata para daros una explicación de lo que pienso sobre todo este asunto.

El sábado 28 de noviembre de 2009, el diario ABC sacaba en portada la mirada del asesino de una niña de tres años en Tenerife. No hubiese pasado nada si no fuera porque días después aquél asesino no asesinó a aquella niña. ¿Qué hizo este periódico? Pues en vez de utilizar el mismo espacio que usó en la portada en la que nos mostraba la cara del hombre, sacó ¿como rectificación? en portada una pequeña referencia diciendo que el primer informe médico estaba repleto de fallos. Nunca he leído nada sobre cómo se debieron tomar en el ABC este error, pero coincidiréis conmigo que fue lamentable. Todos nos podemos equivocar, e incluso gravemente. Lo que no puede ser es que los medios de comunicación tengan esa capacidad para enjuiciar (muchas veces injustamente) a una(s) persona(s) y luego no rectifiquen o no le den la misma cancha e importancia a la noticia cuando no ha coincidido con las tesis que ha ido defendiendo. Eso es una vergüenza.

Os recomiendo un artículo del blog de Manuel Santaella donde toca el acoso que recibió el presidente del Congreso, José Bono, con su patrimonio durante este año. Como sabréis, el Supremo ha archivado todas las querellas contra él por cohecho, pero varios periódicos afines al PP le han estado machacando…. y ahora no dicen nada. Se han callado como perros. Vergonzoso, no se me ocurre otra palabra.

Hay que tener cuidado con lo que se escribe y con lo que se dice, y es una pena que no hayamos aprendido del caso de Rocío Wanninkhof para no volver a caer en la misma piedra.

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