¿Tengo la culpa?

Que el mundo es injusto no es ningún secreto. Que las conquistas sociales no se consiguen de un día para otro, tampoco es ninguna novedad. Ahora bien, cuando estallan determinados conflictos sociales por injusticias o suceden catástrofes naturales, ¿somos cada uno de nosotros parte de la culpa?

Hoy quisiera reflexionar con vosotros sobre Túnez y a su vez extender mi reflexión a otros países del mundo. Estuve allí hace cuatro años recorriendo el país durante una semana en un viaje organizado. No recuerdo cuánto pagué pero si os digo que de todas las propuestas de viajes que se hicieron con motivo del ecuador de la carrera, era el destino más barato. Era la primera vez que pisaba África, y más en concreto un país de mayoría islámica.

No me esperaba un país moderno ni a la última en tecnología e innovación, pero sí un lugar donde descansar y cambiar un poco de aires. Lo cierto es que para un turista extranjero lo que le enseñan no tiene nada que ver con la vida diaria de cualquier tunecino. El hotel a donde te llevan está a las afueras de Hammamet, donde además de tu cadena hotelera, otras también han construido a sus anchas lo que les ha dado la gana. Hay seguridad privada para que no acceda ningún ‘extraño’  y ves tanto por la mañana como por la tarde y por la noche a los mismos empleados dándote la coba por cuatro míseros dinares al mes. Tú como turista te duchas cada mañana, desayunas, comes y cenas como un cerdo, te llevan en autobús y en todo terrenos por todos lados, y un viaje en taxi de media hora te cuesta menos que un menú del día en cualquier restaurante de España. Y luego, en las medinas te acosan los comerciantes para que les compres mediante el método del regateo. En definitiva, allí poco menos que te sientes un rey donde a ti se te permite hacer lo que te dé la gana mientras no te metas con el tirano de turno -en este caso Ben Alí, que andaba su retrato por todas las esquinas- ni con la religión islámica.

Lamentablemente, la población tunecina no puede decir lo mismo. Allí la única motivación que tiene la gente para vivir es comer todos los días. No hay derechos laborales ni salidas para los jóvenes, que son un puñado más que los que somos en España. Recuerdo un chico que se pasaba en una tienda del hotel todo el día. Había terminado económicas en una universidad y su destino no era otro que vivir en aquel espacio lleno de productos tradicionales (sobre todo de trajes típicos). No tenía otro futuro.

Al final, cuando regresas a España y ves como vives, te sientes mal. Si nosotros nos quejamos (y con razón) de la crisis económica que estamos viviendo, ¿cómo será la crisis en países en vías de desarrollo y en los que ni siquiera tienen nada para salir adelante? Yo pienso que las revueltas están teledirigidas, y no me creo que esta que ha ocurrido en Túnez no esté apoyada por alguien importante. No creo que aquel chico que se quemó a lo bonzo fuera el desencadenante del exilio del dictador, al que me referiré a continuación.

Los países europeos nos las damos de ir por el mundo defendiendo los derechos humanos. Sí, en nuestros países lo intentamos cumplir y creo que lo conseguimos. El problema es que a los demás no les exigimos que hagan lo mismo, y cuando algún país se atreve a desafiarnos por algún motivo, nosotros optamos por el ‘diálogo’ con tal de que nuestros intereses no se vean afectados. Por eso cuando Marruecos toca las narices, nosotros no podemos decir nada si queremos que nos echen una mano contra la inmigración ilegal, al igual que nos interesa que todo el magreb esté dirigido por dictablandas con las que no tener a las puertas de nuestras casas radicalismos religiosos. Lo que ocurre es que no me parece que podamos tampoco apoyar a esta clase de tiranos que ni respetan los derechos humanos ni les importa su pueblo, sino ellos mismos. Así es que Ben Alí, ‘tan preocupado que estaba por su gente’, decidió exiliarse a Arabia Saudí con unas buenas cantidades de oro para poder vivir hasta que se muera.

Con toda esta reflexión, me gustaría que me dijérais si desde vuestro punto de vista yo también he sido el culpable de que Ben Alí se mantuviera en el poder hasta hace pocos días. En su país dejé dinero (que supongo que en gran medida se llevaría él), no me privé de cosas que para cualquier otro tunecino sería un lujo y me gustó tanto Túnez que algún día espero volver. Lo mismo os lo extiendo para otros dos países similares que conozco, como son Marruecos o China, y a otros que me gustaría ir próximamente, como Cuba.

Para finalizar, lo que no entiendo es como África no despierta de una vez. A lo largo de la historia europea ha habido revueltas. En América lo mismo. ¿Por qué África no ha tenido ninguna? ¿Cómo es posible que cuatro hayan conseguido controlar todo un continente? ¿La culpa es mía también?

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One response to this post.

  1. Posted by Luis Argüelles on 19/01/2011 at 8:19

    y de la Internacional Socialista que mantuvo y apoyaba al partido gobernante hasta ayer. Todos somos culpables, pero es mas sencillo mirar para otro lado.

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