Los cuatro de siempre

Supongo que al igual que yo estaréis más que acostumbrados a escuchar a la gente hablar de los cuatro de siempre cuando se produce un hecho negativo. Es curioso que esas minorías consigan hacer tanto ruido por sus actividades (generalmente violentas). Esta mañana, al ver las imágenes en La Sexta de los incidentes ocurridos ayer en Vallecas en los momentos previos al partido del Rayo frente al Betis, en el reportaje se incluyeron testimonios de vecinos que aseguraban que los que se habían dedicado a atacar el autobús del equipo andaluz y a enfrentarse a la Policía eran los cuatro de siempre.

Está claro que en una sociedad hay pluralidad de formas de ver la vida, pero es curioso que nosotros mismos no hagamos nada para evitar que ciertos individuos que al parecer son los cuatro de siempre se vean con la libertad de ejercer su violencia sin ningún tipo de problema. Más curioso es saber que en muchos casos se conocen quienes son esas personas, pero a saber si el miedo a una agresión o a posibles represalias hacen que no se denuncien a los culpables de dichos actos.

Sinceramente, no me entra en la cabeza ese tipo de ira. El fútbol es un deporte apasionante y puedo entender la rabia de ver perder a tu equipo, el cabrearte con los errores del árbitro o el demandar la dimisión del Consejo de Administración que por su culpa el equipo está al borde de la suspensión de pagos, pero no sé qué responsabilidad tiene el equipo contrario de tus miserias ni tus propios vecinos que les privas de poder pasear por sus calles porque te apetece darte a leches con la Policía en una especie de campo de batalla (¿y todo esto por el fútbol o es una mera excusa?).

He ido varias veces al fútbol y he visto un poco de todo. Hay quien va a disfrutar o a sufrir con su equipo y siente mejor que nadie los colores de su club sin tener que herir la sensibilidad de nadie, pero luego están los cuatro de siempre a los que muchos equipos consienten sus acciones, con lo cual me lleva a pensar que esos clubes prefieren mirar para otro lado en vez de vigilar que en su estadio solamente accedan personas con un mínimo de comportamiento.

¿Es tan difícil acabar (por las buenas) con los cuatro de siempre? Ojo, habría que extender esta reflexión a otros ámbitos ajenos al ejemplo del fútbol y de la violencia,  porque podríamos poner miles de ejemplos donde se usa dicha expresión. Pero en fin, parece que esas minorías tienen su minuto de gloria en cuanto uno se despista y luego es complicado hacerles ver que pueden manifestar su oposición a lo que consideren oportuno desde el respeto, aunque dudo que sepan lo que significa esa palabra. Por suerte son hechos aislados pero lamentablemente cuentan con mucha publicidad, tanta que he visto varias veces las imágenes de los incidentes de Vallecas y ni una sola vez el gol del Rayo. Esperemos que no se reproduzcan en futuras ocasiones por el bien de todos.

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