Empollar para no acordarte de nada

¿La capital de Portugal? Ni idea…” es el título de un artículo de hoy en La Nueva España que habla de un estudio dirigido por Eduardo García-Cueto, catedrático de Psicometría de la Universidad de Oviedo, a 1.080 alumnos de primer curso (el 74% de ellos estudian en Asturias) en las que se le hacían 30 preguntas del tipo ¿quién escribió La Regenta?, ¿quién pintó la Capilla Sixtina? o ¿cuál es la capital de Portugal?. El experimento, por lo que se cuenta en la noticia, dejó datos “dramáticos” (a lo largo del texto se utilizan palabras tipo “déficit”, “incapaz”, “incultura”, “errores”, “no sabe”…).

Para empezar, me molestan este tipo de noticias desde el contexto de definir a los españoles como los más tontos y bobos del mundo (es como si fuera de nuestras fronteras todo el mundo fuera inteligentísimo). Estoy de acuerdo en que hay que mejorar nuestro sistema educativo, sobre todo en lo que señala muy bien García-Cueto: “El hecho de que los alumnos accedan a una serie de datos, los memoricen únicamente para los exámenes y los desechen sin más da buena idea no solamente de la calidad de los sistemas educativos sino también en el tipo de adultos en los que se convertirán estos alumnos”. Efectivamente, tiene toda la razón. Sólo le faltó decir una cosa: en España si la gente empolla un temario es porque no existe otra manera de aprobar una asignatura. Y, tal y como correctamente señala, una vez que el alumno pasa un examen, borra todo eso y no retiene nada, ya que ha memorizado algo que quizás ni comprenda… y eso no sirve para nada a mi juicio.

Por ejemplo, la pregunta de cuántas provincias hay en España, ¿de qué sirve memorizarlas? Yo me las sé sin haberlas empollado jamás… ¿Qué hice? Siempre me ha gustado viajar y me ha interesado conocer sitios distintos, y nuestro país es un lugar fantástico. Por eso puedo sin problema contestar a cualquier pregunta sobre la división territorial de nuestro país, hasta el punto que una vez a una profesora del instituto le tuve que corregir por decir que Oviedo era una provincia (y, por cierto, me llegó a afirmar que el que estaba confundido era yo…).

Un ejemplo incomprensible: a mí ningún profesor en la Facultad me exigió nunca (repito, nunca) leer el periódico, ver la televisión, escuchar la radio o utilizar internet, pero sí que me empollara el contenido de su asignatura. Os aseguro que si tuviera ahora aquí conmigo los exámenes que hice, hoy sería incapaz de aprobarlos. Otro ejemplo clásico es el carné de conducir. No me considero un mal conductor y creo conocer de sobra las normas de Tráfico, pero confieso que si me pusiera a hacer aquellos test, no aprobaría seguro.

Por tanto, y para ir terminando, creo que lo que retenemos en nuestra cabeza son las cosas que más nos gustan y nos interesan. No todo el mundo puede saber de todo (y más los periodistas que sabemos mucho de todo y poco de nada), pero habría que valorar si es más grave que un universitario no sepa contestar a esas treinta preguntas o si un profesor desconoce que esos alumnos tienen herramientas en su mano (como un dispositivo móvil con conexión a internet) para darle la respuesta correcta al instante a esas treinta preguntas. ¿Vosotros pensáis que memorizar es aprender? Yo no lo pienso así (aprender es comprender, entender y hacer reflexionar al individuo).

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