Las sentencias

 Algo que estamos muy habituados a escuchar de los políticos es el respecto que hay que mostrar a las sentencias judiciales. Por ejemplo, el ministro Portavoz del Gobierno, José Blanco, cuando los periodistas le preguntan por algún auto reciente, suele contestar algo así como el Gobierno no hace valoraciones políticas sobre una resolución judicial. El problema viene cuando algunas decisiones judiciales rozan el esperpento. ¿Un ejemplo? Pues la que está ahora mismo en todos los debates: que un hombre llame “zorra” a su exmujer no es un insulto, sino una mera calificación que hace referencia a su astucia, al no considerarse que se trate de un menosprecio por ser mujer sino más bien a una descripción de “un animal que debe actuar con especial precaución”.

En todo tiene que haber errores, malentendidos y chapuzas, pero el problema está cuando se llega a un límite como el asunto que nos ocupa. Tenemos una justicia muy garantista, cosa que me parece tremendamente positiva (puesto que un acusado es siempre inocente hasta que se demuestre lo contrario), pero es muy común que los medios de comunicación se nutran de decisiones judiciales polémicas (sobre todo en el ámbito del terrorismo) que hacen que no confiemos en la justicia.

El lenguaje tiene un sentido, que es el de comunicar. No es una herramienta que se preste a la ambigüedad porque si no seríamos incapaces de comprendernos (y aún así, a veces entre nosotros es difícil que nos entendamos lo más correctamente posible).

Vamos a analizar la frase (el hombre habla con su hijo): “Dile a tu madre que va a tener que ir como las zorras, mirando por la calle para adelante y para atrás, porque en cualquier momento la voy a matar”.

Para la Audiencia Provincial de Murcia, el uso de zorras tiene que ver con el animal y no con el concepto de puta. Yo por más que la leo no me imagino que ese señor (si es que se le puede llamar así a este personaje, que ya había sido denunciado por malos tratos) pensando en lo que ha querido ver el tribunal murciano. Es de locos, y más viendo que ya no es que le llame zorra, sino que encima le amenazó con acabar con su vida. Este señor anda suelto por la calle porque los sabios del Derecho consideran que su pensamiento le hace imaginar cánidos en vez de humanos.

¿Qué hacemos? ¿Respetamos la sentencia? ¿Nos rebelamos? Yo no puedo estar más indignado…

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2 responses to this post.

  1. Hola, yo no veo el problema en lo de “zorra”, sino en la amenaza de muerte que a mi juicio es sensiblemente más grave, aunque solo sea por el hecho de que esta avisando de la próxima muerte de su ex. Si eso no se considera delito, yo no soy jurista, pero no toda la culpa la tiene el juez, el sistema judicial es anticuado y los que trabajan para él tienen un problema de ética frente al poderío del dinero. Creo que un abogado no debería jamás consentir que se aleguen este tipo de cosas, ya que la vida de una persona está en juego, y eso no tiene precio. Que no jueguen a ponerselo.
    Un saludo

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    • ¡Hola Mariano!

      Estoy totalmente de acuerdo contigo en que es más grave la amenaza de muerte que el insulto, pero creo que lo que ha llamado la atención y la indignación de muchos (entre los que me encuentro) es que en esta ocasión la sentencia se atreve a justificar la utilización de una palabra en un sentido que creo que es evidente que no era el que pretendió lanzar el amenazante.

      Un saludo y gracias por participar en mi blog 🙂

      Responder

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