Por el verdadero papel de la militancia en la toma de decisiones

A medida que pasan los días, uno termina por ver las cosas de diferente manera, sobre todo cuando no le han sido muy propensas. Creo que eso es lo que nos ha ocurrido a muchos militantes socialistas, que incluso antes de que diera comienzo la campaña electoral nos hemos esforzado y nos hemos dejado la piel en pedir el voto para el PSOE. Las heridas de la crisis no cicatrizaron el batacazo que nos dimos en mayo y ahora en noviembre se han esfumado más de cuatro millones de votos en comparación a 2008.

Soy de los que pienso que no hay que quedarse en muchas ocasiones con los datos (cuantitativos), pero en cambio sí que creo que hay que dar ejemplo en lo que uno cree. Me parece que los militantes hemos aguantado ya bastante el que no se nos haya tenido en cuenta. Personalmente pienso que el PSOE no es de nadie, y no hay nada más democrático y bonito que contar con el conjunto de personas que te siguen, te apoyan, te defienden y te promocionan sin pedir nada a cambio. Por eso, cuando se está planteando si el nuevo Secretario General es mejor que salga ya elegido por el Comité Federal y con el apoyo de todos los secretarios generales autonómicos, yo a eso me opongo rotundamente.

Esos experimentos ya se hicieron en el pasado. El de poner a alguien a dedo se demostró que no funcionó. Ahí está el caso de Joaquín Almunia. En cambio, cuando cada compromisario tuvo el poder de votar a quienes representaba, eligieron a la persona que terminó por ganar las elecciones generales a la primera: Zapatero.

Entonces a mí me surge la siguiente reflexión: ¿no es mejor que el nuevo Secretario General o la nueva Secretaria General sea una persona nueva, que aporte ideas renovadas y frescas? No es que ahora quiera quitarle mérito a Alfredo Pérez Rubalcaba, que lo considero mejor político que Mariano Rajoy para gobernar este país, pero el problema es que ha perdido las elecciones y no con una ventaja mínima, sino con una diferencia abismal.

Creo que la militancia, entre la que me encuentro, queremos construir el partido de abajo a arriba, tal y como pasó en el 2000 cuando Zapatero se impuso y se creó entre los socialistas una nueva esperanza de que podíamos volver a ser una alternativa seria de Gobierno. Es verdad que hay un caso que rompe mi argumento, y es el de Rajoy. Fue elegido únicamente por Aznar y perdió en dos ocasiones las elecciones, y ojo, en esta tercera oportunidad ha ganado no por su valía personal (que no aportó absolutamente nada en su etapa en la oposición), sino alimentado por la crisis económica que ha desencantado al votante de izquierdas a volver a confiar en el PSOE. Aún así, a la derecha le da igual a quien le pongan, pero a la izquierda no. Por eso necesitamos a alguien totalmente desconocido pero a la vez capaz de volver a encender la llama y la ilusión por alcanzar otra vez y muy pronto los mandos de las diferentes administraciones.

En resumen, yo quiero hablar, quiero decidir, quiero opinar, quiero discutir, quiero refundar el PSOE, quiero volver a situarlo como una clara alternativa al PP, y, en consecuencia, quiero votar. Sé que por estatutos un militante de base no puede elegir a un Secretario General, pero al menos que me permitan elegir a un compromisario que se encargue de votar a  alguien nuevo, sea hombre o mujer, en el próximo Congreso. De lo contrario, si van a decidir el futuro de mi partido aquellos que han perdido las elecciones, pienso que volveremos a caer en la misma piedra. Y yo eso no lo quiero…

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