Sentirte un puñetero número

Ayer me sentí más que nunca como un número, como una cuenta de resultados. Resulta que junto a unos cuantos compañeros del trabajo fui a la oficina de la empresa a ver cómo está nuestra situación, sobre todo en lo referente a una vivienda en Munich (que fue una de las promesas que nos hicieron [el buscarnos casa] antes de venirnos aquí).

Por si no lo sabéis, vivo desde hace un mes en un piso que alquiló la empresa, pero siguiendo la normativa alemana, solamente pueden vivir legalmente tres personas en él (pero aún así estamos ocho personas dentro). Llevamos dos meses en Baviera y la promesa de pisos para todos no se cumple. Debo decir que es verdad que Munich es una ciudad muy complicada para encontrarlos, y una habitación alejada del centro puede superar con creces los 500 euros sin amueblar y sin cubrir otros gastos (luz, agua…), pero eso debieron de verlo antes de poner en internet que se encargarían de buscar alojamiento.

Lo más triste de todo es que ahora resulta que la culpa no la tiene nadie. La responsable de buscarnos piso a los que estamos en esta situación ni siquiera se encuentra en Munich, y una abogada que tiene la empresa y que al parecer también está en ello no la hemos podido conocer aún porque su horario en la oficina coincide con el nuestro en el hotel, así que al final ayer me sentí más un número que una persona.

¿Por qué? Pues porque en mi sueldo va sumado un plus de productividad si hago más de veinte habitaciones al día. Al final parece que da igual que me llame Diego. Lo verdaderamente importante es que haga las camas que tenga que hacer y si no me apetece seguir no hay problema, porque cajas y cajas de CV con posibles nuevos trabajadores tienen de sobra.

El empresariado español debería urgentemente de darse cuenta que no todo son números. No se trata de tener a los empleados felices (que ya sería lo ideal), pero sí mostrar un mínimo interés por el trabajador, porque haciéndolo, esa persona rendirá mejor y tendrás un capital humano más preparado y afianzado con la labor de la empresa. Eso es lo que no está pasando en Munich. Ya todos nos encontramos quemados en tan poco tiempo, y sí, sacamos adelante el trabajo que hay que hacer, pero no tiene nada que ver a cuando empezamos (que pensábamos que todo esto iba a ser temporal, pero repito, ya llevamos dos meses de esta manera).

Seguro que muchos me diréis que en todos los trabajos pasa algo parecido. Simplemente he querido poner mi ejemplo personal, pero soy consciente de que es así en otros sitios. Me da lástima, no tanto por mí porque yo al final aquí no estoy por necesidad, pero sí por la gente que ha venido a Munich con lo que cuesta tomar esa decisión y encima que vea que ni ha podido iniciar sus clases de alemán, que ni tiene una habitación donde poder dormir y relajarse y que ni le dan garantías de que esto se va a solucionar pronto.

El día que este mundo trate a las personas como seres humanos y no como números a todos nos irá mejor. Estoy convencido de ello…

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