Prohibido preguntar

Si hay algo que se está extinguiendo en este mundo son las ruedas de prensa y las entrevistas. Cada vez más a los periodistas se nos hace complicadísimo interrogar a un personaje público. Por supuesto, no es lo mismo la figura del Presidente del Gobierno que la del entrenador de un equipo de fútbol, pero ambos comparten una cosa: comparecen ante los medios de comunicación supuestamente para dar argumentos fehacientes, explicables y razonables. Claro está que no todas las preguntas serán del agrado de quien tiene que responderlas, pero seguro que si se le hace esa pregunta será porque tiene algo que decir.

El último episodio ha ocurrido en La Moncloa. La Secretaría de Estado de Comunicación permitía a los periodistas realizar dos preguntas al Presidente del Gobierno sobre lo que estimaran oportuno. Los compañeros, antes de esas ruedas de prensa, se reunían y votaban quién preguntaba y qué preguntaba… pero ese pacto se rompió esta semana y ahora es el señor Rajoy el que elige quién le pregunta (y no sólo eso según varias informaciones: él conoce previamente la pregunta y, sin ningún reparo, lee la respuesta porque la tiene escrita). Aquí estamos ante una nueva farsa, una nueva manera de controlar la información: Rajoy sabe las preguntas y tiene preparadas las respuestas. No hay lugar para la improvisación. Está todo maniatado. ¿Desde cuándo alguien que convoca una rueda de prensa ya tiene esa información previamente?

Asistimos últimamente a una degradación de la propia democracia. No sé si es peor que Rajoy haga esto o que, en caso de que todos los periodistas le pudieran preguntar lo que quisieran, él no contestase (porque eso es lo que hizo en la campaña electoral de noviembre de 2011). Lo que está claro es que los que peor actúan en estos casos son los periodistas. Sé que es complicado no asistir a la rueda de prensa del Presidente del Gobierno, porque aunque se niegue a responder a ciertas preguntas, su cargo es tan importante que no se puede obviar informar de lo que dice o deja de decir. Lo que pasa es que creo que a su vez resulta insuficiente poner una reseña de que esa rueda de prensa no fue como tal… porque al fin al cabo, se está informando del contenido de la misma y el Gobierno ha conseguido colar el mensaje que quería.

Los periodistas tenemos muchos defectos. Muchísimos. El desprestigio de nueva profesión es culpa nuestra (aunque queramos echarle la culpa a los que mandan. Uno es cierto que debe cumplir las órdenes, pero hay cosas que tienen sus límites y la falta de solidaridad entre compañeros es tal que es imposible hacer una huelga, una reivindicación o una queja en común), pero ojalá llegue un momento en el que se pueda reconducir esta situación. Porque sin periodismo no hay democracia, y lamentablemente, cada vez perdemos más maneras de conocer la verdad (o la mayor aproximación a la verdad…).

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