Rumanía

He elegido Rumanía como el primer país a visitar en 2014. Lo hice principalmente por visitar a una chica (se llama Mihaela) que trabajó conmigo en el hotel de Múnich (mi empresa la despidió hace un mes al no contar con un permiso de trabajo en Alemania). Lo único que he visitado en estos últimos tres días ha sido Bucarest y, por lo general, ha sido una ciudad que me ha gustado visitar, aunque obviamente he visto cosas que no me han gustado para nada.

Creo que viajar culturiza. Te enseña cosas distintas. No hay nada mejor que ver con tus propios ojos la realidad que te rodea, y si tienes tiempo y dinero, no hay mejor inversión en la vida que ir a descubrir las diferentes partes del mundo. Bucarest es una ciudad difícil de definir. Por una parte es bastante apagada (también es cierto que el tiempo durante mi estancia siempre fue el mismo: nublado, sin llover y con bastante frío), pero por otra parece que aquí les gusta todo lo grande, y cuando construyen algo, lo hacen gigante. Es así que te encuentras calles inmensas, bien asfaltadas y con sus renovadas aceras… pero luego en sus aledaños aprecias todo lo contrario: no hay asfalto y las fachadas de las casas están sucias.

Hay ciudades en el mundo muy parecidas a lo que estoy describiendo (y que ya he conocido). No es eso lo que me choca realmente, sino que me cuesta creer que los nativos vean normal esa situación. Yo no sé si es que en España y en gran parte de Europa nos hemos acostumbrado a un modelo urbanístico concreto, porque al menos para mí, cuando veo en una calle un edificio en medio de nada (sin vallar, por lo general) me resulta extraño. Estoy convencido de que algo así en nuestro país sería poco menos que un escándalo, pero para los rumanos parece que no.

Bucarest no es una ciudad espectacular, pero ni mucho menos hay que descartar una visita por aquí. Creo poder afirmar, no obstante, que no es una urbe de turistas (me daba la impresión al pasear por todos los sitios que el único que venía precisamente de turismo era yo). Hay cosas que tienen que mejorar, y sería importante que el país lavara la mala imagen que tiene en el exterior. Puedo decir, al menos desde mi experiencia, que no he sentido en ningún momento miedo, ni nadie me ha tratado mal, ni nadie me ha estafado y/o robado… y, por lo menos con los compañeros que estuvieron conmigo en el hotel de Múnich, son gente extremadamente trabajadora. Hablan muchos idiomas (aquí la televisión la ven en versión original y aprenden las lenguas al leer los subtítulos en rumano), otros tantos tienen formación universitaria… pero su nacionalidad les es, en muchos casos, un injusto castigo.

Comprendo perfectamente que se quieran ir a otro lugar a buscarse la vida si de verdad el sueldo medio del país ronda los 800 lei (unos 200 euros al mes). Lo que no me parece bien es que acepten ser explotados (como consideré que algunos estaban en Alemania). Son personas y tienen los mismos derechos que todos (y además son ciudadanos europeos, con lo cual no deberían ceder a realizar cosas vergonzosas).

Espero encontrarme otra Rumanía en mi próxima visita (si es que hay lugar a ello). Y como punto final, quiero agradecer a todos los que me animaron a venir a conocerlo. Mereció mucho la pena…

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