Inglaterra, mes uno

Hoy he cumplido mi primer mes viviendo en Bedford, a noventa kilómetros al norte de Londres. La razón principal por la que me vine aquí fue que mi padre lleva desde noviembre trabajando como enfermero en el Hospital público de la localidad, y pensé (y sigo pensando) que era el momento ideal para retomar aquella idea que tuve en su día de marchar al extranjero una temporada con el principal objetivo de practicar idiomas (sobre todo el inglés, que era mi preferencia). Como sabréis muchos, un día de mayo de 2012 en Twitter encontré una oferta para trabajar como camarero de piso en un hotel de Múnich, y allí estuve 19 meses seguidos hasta que vi conveniente poner fin a aquella aventura emigrante en Alemania para continuarla en la Gran Bretaña.

¿Cómo me encuentro a día de hoy? 28 días después de llegar a Bedford sigo sin trabajo y con casi todas las ofertas de empleo a las que me presenté rechazadas. Sé que no es fácil ni siquiera optar a un empleo de los fáciles (como pueda ser, de nuevo, limpiar habitaciones en un hotel), pero no caigo en el desánimo. Yo sigo todas las mañanas repasando varias páginas webs de empleo y cada día miro en diferentes comercios si han puesto algún cartel que diga que reclutan a gente.

Bedford no me desagrada porque es una ciudad tranquila. Lo mejor es que no me he encontrado con muchos españoles (que es algo importante para alguien que quiere aprender inglés. Así no tengo otra que esforzarme para hacerme entender), pero a la vez es un lugar sin alma, donde todo cierra muy pronto y donde no hay ambiente ninguno. Aún así, si tuviera que poner en una balanza mi punto de vista, diría que pesa más los aspectos positivos que los negativos.

Desde que estoy aquí he sabido que una chica de Guadalajada (a la que todavía no la conozco personalmente [pero que me hablo con ella por las redes sociales]) se ha armado de valor y ya está aquí de au pair. También sé de una ex-compañera rumana que trabajó conmigo en Múnich que ha decidido venirse a Londres a mediados de marzo a probar suerte. Y, por último, hay un par de personas que me han preguntado qué tal la situación para dar el salto, aunque por el momento ninguna de ellas ha decidido echarse al monte.

Vuelvo a reiterar mi posición: estamos en el mejor momento para hacer estas cosas. Hablo de gente que esté en mi situación: sin compromisos personales (sin hijos, sin novia o mujer…), sin compromisos económicos (ninguna deuda a pagar), sin trabajo en España y sin ganas de quedarse en casa resignado. Pienso que mejor que estar en nuestro país trabajando en un empleo precario siempre será más positivo hacerlo en el extranjero, porque el valor añadido del idioma será importante para nuestro futuro.

Por eso vuelvo y le recomiendo a mis seguidores a que se animen a intentarlo. Incluso el fracaso de una experiencia así te enseña. Perderás dinero y será doloroso no poder recuperarlo, pero quien no arriesga, no gana…

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