Diez años después…

Era jueves. Por aquel entonces estudiaba 2º de bachillerato en el Instituto de Enseñanza Secundaria Alfonso II de Oviedo y vivía en Coya, en el concejo asturiano de Piloña. Tenía 18 años. En ese duro curso académico, mi hermana iba por la mañana a clase y yo por la tarde, y como hasta casi las 19 horas mi padre no salía de trabajar, se hizo necesario encontrar un lugar en la capital del Principado donde yo pudiera estar por las mañanas y mi hermana por las tardes (mi madre acabó encontrando un sensacional estudio en la plaza de la Constitución [donde está el Ayuntamiento]).

Ese 11 de marzo madrugamos un poco más de lo habitual por dos motivos: Mi padre tenía que llevar el coche a una revisión y mi hermana participaba en unas jornadas de lenguas extranjeras que se celebraba en Gijón. Yo cada mañana (y antes de ponerme a estudiar) encendía la televisión. Me interesaba saber qué era noticia (hasta las nueve de la mañana, que era cuando empezaba a empollar). Esa tarde tenía un examen de Historia, del que no recuerdo ahora mismo la nota que saqué, pero sí sé que lo aprobé (aunque no pudiera aprovechar aquel 11 de marzo para repasar todo por estar pendiente de lo que ocurría en Madrid).

Tenía sintonizado Telecinco. Poco antes de las ocho de la mañana empiezan a decir en los informativos que se han oído varias explosiones en Atocha, y conectan en directo por teléfono con Vicente Vallés (porque desde su casa está viendo uno de los vagones reventados). Suena mi móvil. Es mi padre. Me dice que de la que iba a la Renault ha dicho Gabilondo que ha habido un atentado. Mi madre, que estaba conmigo en el estudio en ese momento, llama a la hermana que tiene en Madrid, mi tía Paloma (ella cada día coge un tren para ir a Alcorcón). No fuimos capaces de localizarla hasta varias horas más tarde (mucho tiempo después, hablando con ella, me narró que lo que más le dejó tranquila fue cuando habló con su marido, ya que él también se desplazaba en tren para trabajar… y en su caso, en el mismo en el que se produjeron los atentados, exceptuando que el sentido que él cogía era el que iba hacia Guadalajara). Por fortuna yo no tengo familiares ni amigos que ese día perdieran la vida. Ni siquiera creo conocer a nadie que conozca a gente que haya tenido la mínima vinculación con aquel día (seis meses después me fui a Madrid a comenzar mis estudios en Periodismo. Recuerdo como si fuera ahora mismo aquel espacio de Atocha repleto de velas, flores y gente llorando…).

Pero siguiendo con el 11 de marzo de 2004, os decía que me fue imposible ponerme a estudiar. Fui incapaz toda aquella mañana de apagar la televisión. En aquellos tiempos internet no estaba tan desarrollado como hoy (no había Facebook, Twitter o Youtube… y lo más novedoso que teníamos por entonces eran los SMS, los cuales muchos dijeron que fueron los que revolucionaron la comunicación, ya que muchas personas los usaron para denunciar las mentiras que nos lanzaba el Gobierno de Aznar acerca de la auditoria del atentado). Era desgarrador ver y oír aquel especial de María Teresa Campos en el que cada vez que leía una última hora era para dar más muertos contabilizados. 12, 25, 37, 54, 78, 120, 145… y así hasta llegar a los 192 que fallecieron.

Antes de entrar al Instituto a las 15 horas, me dirigí a comer unos pinchos en un bar de la calle Rosal que se llama La Fontana. No había otro tema de conversación entre los asistentes (¿viste lo de Madrid? era lo más repetido). Y con los compañeros del Alfonso II igual… Recuerdo de terminar aquel examen y hablar con el profesor de Historia (en la última clase, que había sido dos días antes, no asistí porque había ido al mitin de Zapatero en Gijón [con llenazo absoluto en La Guía]). Nunca sabremos qué habría pasado en aquellas elecciones de no haberse producido el atentado. Yo recuerdo que pensaba que el PP las iba a ganar, y mi profesor de Historia, que me confesó su simpatía por el PSOE, tenía la misma opinión que yo y más tras aquel trágico suceso. Me acuerdo que ambos teníamos en la cabeza que había sido ETA. ¿Quién iba a ser si no? Además en las últimas navidades habían planeado volar un tren en Madrid y gracias a la actuación policial se pudo evitar.

Pero mi cabeza y mi pensamiento dio una vuelta de 180º cuando casi a las nueve de la noche de ese día, en la calle Santa Susana, en el exterior del Instituto, estaba mi familia con el coche aparcado en la acera de enfrente esperándome para regresar a casa. Fue abrir la puerta del vehículo y escuchar a Carlos Llamas diciendo que podía no ser ETA y que prácticamente todos los medios de comunicación del mundo están señalando como culpable a Al Qaeda. Ahí se acabó para mí la auditoria de ETA, y sí, coincido en que no se trata de culpar a unos u otros por el número de muertos o por si unos son más buenos u otros son más malos… pero hay algo determinante: ETA siempre avisaba de la colocación de los artefactos. En esta ocasión, nadie había dicho nada. Los explosivos estallaron y dejaron esa cicatriz que diez años después todavía muchos recordamos como si fuera hoy mismo. Lástima que todavía en la actualidad haya medios de comunicación que sigan alimentando la teoría de la conspiración. Diría más: es una verdadera y asquerosa vergüenza…

Hasta la fecha creo que ha sido el día más importante de los que he vivido. No hablo a nivel personal, ya que para mí hay otros momentos más bonitos, pero me refiero a que si hay un hecho histórico que me tocara vivir, hasta el momento es ese (por encima del 11 de septiembre de 2001, que también lo viví), el 11 de marzo de 2004. Para mí fue un verdadero palo. Me sentí como si yo estuviera en esos trenes, y creo que toda la sociedad española interpretó lo mismo.

Ha pasado una década. Hoy tengo 28 años. Como os dije anteriormente, a los seis meses del atentado me fui a vivir a Madrid, y mi estancia se prolongó allí hasta febrero de 2012 (con un breve paréntesis en Francia de seis meses y prácticamente todos los veranos en Asturias). Es decir, en mis últimos diez años de vida, ocho los pasé en la capital de España. Un lugar estupendo, mágico, inigualable, maravilloso, sensacional, impresionante y precioso. Madrid nunca dejó de estar sola, y se lo demostramos en todo el país en las concentraciones de repulsa que se convocaron. Por encima de nuestras diferencias, aquella masacre nos afectó a todos. Y hoy, viendo de nuevo las imágenes, nos vuelve a unir con todos aquellos que vivieron de primera mano ese momento histórico.

Sirva esta entrada en mi blog para prolongar el recuerdo de aquellas víctimas. Nunca os olvidaremos…

PD: Al no estar ahora mismo en Oviedo no puedo revisar las anotaciones que escribí en mi diario personal aquel día por si se me ha escapado algún detalle, ni tampoco enseñaros un boletín especial que hice con mi hermana de los atentados días después. Los únicos periódicos que conservo de un único día en mi casa son todos aquellos que pude comprar el viernes 12 de marzo de 2004. Fue un día histórico. Muy triste, eso sí… y de los que ojalá nunca más tenga que vivir.

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