Cuando tu opinión no coincide con la de tu empresa

Alguna vez me he preguntado si yo me sentiría cómodo trabajando en ciertos medios de comunicación cuya línea editorial no coincide con mi manera de pensar. Si queréis saber la respuesta, creo que sería que no. No me gustaría en absoluto participar en un proyecto en el que no creo. Obviamente esto lo puedo decir ahora que no tengo ninguna necesidad importante (ni debo pagar hipotecas ni tengo una familia a la que mantener). Hago esta reflexión al hilo del despido de Esther Palomera en ‘La Razón’.

Vaya por delante mi admiración hacia esta compañera que creo que dice lo que piensa. Aunque no siempre coincida con mi punto de vista, es alguien que expone argumentos sólidos para apoyar sus tesis. No es la mejor periodista del país pero es una más de las que lo dignifica. Creo que el diario de Planeta se equivocó al prescindir de la mejor que tenían. Allá ellos…

Pero volviendo al párrafo inicial, ¿qué pintaba esta mujer en ‘La Razón’? A muchos se nos llena la boca diciendo que los medios de comunicación deben ser lo más imparciales que puedan, pero nos olvidamos que al final nuestro producto (es decir, nuestras informaciones) lo compran aquellos que quieren leer un determinado sesgo. Está más que claro que Esther Palomera defendía tesis contrarias a las del periódico donde trabajaba hasta que se formalizó su despido, pero yo, volviendo a lo que decía al principio, creo que uno debe intentar trabajar allí donde cree que se hacen bien las cosas. ‘La Razón’ es para mí uno de los lugares donde no hay honestidad (objetividad no la hay en ningún sitio).

Hace unos días me enteraba de que Rajoy se estrenó como columnista en ‘El País’. Y lo leí a través de Menéame. No eran pocos los comentarios indignados con que el Presidente del Gobierno escriba en las páginas de este rotativo. También está por ahí el rumor (aunque sin confirmación) de que los cambios de director en ‘El País’, ‘El Mundo’ y ‘La Vanguardia’ tienen que ver con requerimientos de La Moncloa. Si fuera así estaríamos ante un ataque a la libertad de expresión vergonzoso, y no lo digo porque tuviera un amor poco menos que platónico por esas tres personas, pero esa decisión la deberían haber tomado los propios dueños de esos medios y no las presiones del Partido Popular.

Al final es complicado creer a alguien. Ayer mismo, por la noche, varios periodistas comentaban la retirada de las competencias en vivienda a Izquierda Unida por parte de Susana Díaz. A mi juicio, la Presidenta de la Junta de Andalucía tomó la decisión correcta. No me esperaba de los periodistas que siempre tergiversan fueran a contar las cosas como fueron, pero de los que se creen en posesión de la verdad absoluta… al final también mienten (pero por otros motivos. Vamos, mienten para contentar a sus seguidores que quieren leer un determinado mensaje).

Uno termina por desilusionarse y no confiar en nadie. En fin, no será ni la primera ni la última vez que me queje de actitudes así…

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