Por mucho que quieran no podrán controlar internet

Llevamos un tiempo siendo alertados de una proliferación de mensajes de mal gusto en las redes sociales. Nadie se atreve a pedir una actuación a lo Turquía (que llegó a censurar Twitter), pero sí se está empezando a fomentar una corriente de opinión acerca de la necesidad de regular estas plataformas comunicativas. El problema es que la libertad de expresión es un derecho tan esencial para un país democrático que se hace, bajo mi punto de vista, imposible actuar en este sentido (porque cualquier ley buscará, de un modo u otro, limitar la posibilidad de emitir mensajes).

Vaya por delante mi rechazo más absoluto para quienes utilizan estas vías para insultar, amenazar y lanzar bromas de mal gusto, al igual que me solidarizo con todos aquellos ciudadanos (sean políticos, periodistas o de cualquier otra profesión y estatus) que sufren las consecuencias del lado oscuro de este magnífico invento que nos permite comunicarnos unos con otros. Dicho lo cual, las actuales leyes en vigor pienso que son más que suficientes para intervenir en casos de abusos. Otra cosa es que los medios para actuar contra tantos cientos de mensajes sea imposible, pero reitero que por mi parte estoy en contra de cualquier regulación en este ámbito.

Creo que la diferencia fundamental entre la vida real y la virtual es que en el primero puedes conocer e identificar a la persona, pero en el segundo caso igual puedes conseguirlo aunque de una manera más compleja (y hay casos en los que acabarás por no saber quién se esconde detrás de una cuenta que lanza todo tipo de mensajes intolerables). Esa facilidad con la que podemos escribir lo que nos dé la gana sin mayor problema (sin necesidad de dar a conocer tu identidad) es sin duda el principal problema de todo.

Ahora bien, aquí hay que hacerse varias preguntas: ¿Dónde está el límite entre una opinión y una difamación? ¿Por qué se persigue con más efectividad los comentarios contra determinadas personas y no contra otras? ¿Empieza a parecernos un coladero en las redes sociales los perfiles que incitan, promueven o justifican comportamientos reprobados por la mayoría? Yo no creo que en internet se actúe de manera distinta a la vida real. En ambas esferas hay delincuencia, hay amenazas, hay discusiones, hay mofas y hay elogios.

En mi caso personal, hasta la fecha no he tenido ningún problema con nadie. Ni en mi vida real ni en la online he sufrido presiones, amenazas, malos tratos o difamaciones (ni tampoco de mi boca han salido actuaciones de ese tipo). Sí que en cambio he tenido enfrentamientos por tener un diferente criterio. Así que de la gente que me rodea y de los más de tres mil usuarios que me siguen por Twitter no puedo decir más que gracias por hacerme sentir muy cómodo para trasladar afinidades y puntos de vista distintos. Además, he de decir que lo que más me ha gustado de las redes sociales es que es mi vía más útil para conocer a gente (mucho más que una discoteca, un campo de fútbol o una biblioteca).

Twitter es una buena herramienta de información. Sé de una persona con la que trabajé (durante una semana por decisión suya) hace siete años que no le ha sentado bien que yo me haya hecho eco de una noticia que leí en un periódico de la competencia donde actualmente escribe y que hacía referencia a un tema que había circulado por las redes sociales. Seguramente si no llega a suceder esa propagación por WhatsApp sobre todo ella nunca habría realizado esa información. En su muro de Facebook, para atacarme a mí, dice que la profesión periodística se ha denigrado por gente como yo que damos por bueno todo lo que viene en Twitter antes que en un periódico. Pues sí, El Mundo publicó la semana pasada y durante dos días una información falsa sobre unos correos en Castilla La Mancha que nunca existieron (y no han pedido disculpas); El País publicó una foto falsa de Hugo Chávez, y se pudo corregir a tiempo el error porque los usuarios que vieron la instantánea le avisaron al periódico por Twitter que ese señor no era el exmandatario venezolano. Las portadas que ABC y La Razón sacan a diario son criticadas por amplias personas (sean periodistas o no). Por tanto, es cierto que Twitter no es la panacea pero es falso que la información de un periódico tenga que ser verdad porque sí (y me duele decir esto como periodista, pero la realidad es la que es y nuestros medios de comunicación están absolutamente manipulados y centrados en defender determinados intereses en vez de informar, que tendría que ser su deber). Hay multitud de ejemplos que desmontan la opinión de esa compañera (incluso podría enumerar unos cuantos del diario donde escribe).

Ya por último, creo que está superado el debate de si hay que estar o no en las redes sociales, y la respuesta es que sí. Vivimos en una sociedad que demanda información al instante y para cualquier investigación es un problema, porque todo caso requiere de mucho tiempo, y el periodismo al integrarse en parte a las exigencias de Twitter ha incrementado esa demanda de datos que, a veces por la necesidad de aportar algo, acaban siendo malinterpretados y detonantes de que las noticias sean confusas o mal explicadas.

Creo que ante cualquier abuso hay que denunciar. No sirve de nada quejarse y luego no hacer nada (pero esto también ante un trabajo donde ves que te explotan. No debes dejarte explotar, sino denunciar a ese empresario para evitar que haga lo mismo con el siguiente que le acepte ese puesto). Mantengamos la cordura y debatamos, que es sanísimo y muy necesario para mejorar cualquier Democracia (empezando por la nuestra…).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: