¿Volver?

Cada vez que un organismo difunde un estudio sobre la emigración de jóvenes españoles al extranjero, diversos medios de comunicación se ponen en contacto conmigo para contar con testimonios de gente que conozco con el fin de que relaten su situación personal y sus expectativas de futuro. Hoy el Consejo de la Juventud ha presentado una campaña y han aportado un dato importante: sobre un 80% de los que se fueron desearían volver, pero de ellos solamente un 14% lo harían sin lugar a dudas.

Los que me seguís sabéis que he defendido siempre que cada uno de nosotros debemos vivir la experiencia de vivir fuera de nuestras casas. A mi juicio debe ser, siempre que sea posible, cuando uno termina el instituto y ya tiene la mayoría de edad (me parece el momento idóneo para emprender un camino que cada uno sabrá cómo lo quiere llevar a cabo). Se puede ser joven y responsable (no es incompatible), y una manera fantástica de desarrollar tu propio ‘yo’ es averiguar las costumbres y los modos de vida de otros lugares del mundo. Los españoles tenemos la suerte (o yo lo creo así) de contar con un pasaporte que nos permite habitar en prácticamente todos los países del planeta. Para empezar tenemos 27 estados (los de la UE) en los que no tenemos que dar ningún tipo de explicación (tenemos los mismos derechos y deberes). En los demás sería muy extraño que no se nos concediera un visado de residencia. Por tanto, esa puerta abierta es algo importante que juega a nuestro favor.

El problema de la emigración de jóvenes en España, por desgracia, no está en las ansias de marcharnos a la aventura a abrirnos la mente, sino que en la práctica totalidad de los casos es gente que no ha tenido más remedio que irse a trabajar a otro sitio. Lamentablemente España no tiene trabajo para todos. Yo no sé si es peor estar parado (y no ganar dinero) o si estar trabajando por tres y con un sueldo de risa (que en muchas ocasiones no te permite llegar a fin de mes). ¿Qué proyecto de vida va a poder desarrollar una persona que se quiere independizar y que ve que aún trabajando va a tener que recurrir a convivir con sus padres por ser imposible económicamente emanciparse?

No me voy más lejos de mi propio ejemplo. Desde los 18 años me separé de mi familia. Decidí irme a vivir a Madrid a estudiar Periodismo en la UCM. De 2004 a 2014 tuve el privilegio de cursar la carrera que quería, de hacer prácticas todos los veranos en la profesión que me gustaba… y, cuando menos me lo pensé, se me abrió las puertas del mercado laboral en octubre de 2009 (me fui a París como auxiliar de conversación en lengua castellana en un instituto a las afueras de la capital de Francia). En abril de 2010 comencé mi labor en el Palacio de La Moncloa y en mayo de 2012 tomé la decisión de irme una temporada a Múnich (Alemania) a limpiar habitaciones en un hotel. No me fueron las cosas como me esperaba en Inglaterra de enero a mayo de este año y por eso quise volver a España. Desde junio hasta hoy (estoy apuntado al paro incluso) no he tenido la oportunidad de trabajar en ningún sitio. Mi teléfono móvil no ha sonado jamás para ofertarme ni siquiera un trabajo precario…

No he tenido más remedio que regresar a la casa de mis padres, a depender de ellos económicamente y a pensar si mi futuro va a ser así de negro o si tengo motivos para pensar que podré salir adelante por mí solo. Somos una generación que hasta la fecha no hemos tenido que presenciar en nuestras propias carnes conflictos bélicos (como sí les pasó a nuestros abuelos) ni estar sometidos a un régimen dictatorial (como nuestros padres). Vivimos en una sociedad democrática (imperfecta, desde luego, pero al menos gozamos de libertad) que nos debería permitir elegir a quienes se preocupen de nuestro futuro, pero al final uno no sabe si quien controla los mercados financieros (que no los elige nadie más que los propios dueños de las multinacionales) tienen más poder sobre los políticos. Mi única confianza en la política y en los ciudadanos que se dedican a ella es que consigan repartir el bienestar lo más justo posible. ¿Nos dirigimos hacía un mundo más desigual? A mí manera de ver, sí, y seguirá creciendo si la economía continúa teniendo vía libre para hacer lo que quiera.

España no será un país atractivo para los propios nativos hasta que el empleo de calidad (con sus horarios fijados, sus convenios colectivos y sus sueldos dignos) sea real. Por eso entiendo que pongamos nuestras miradas fuera del país, porque ya de estar explotados, al menos en otro lugar tenemos el valor añadido de vivir una experiencia nueva, de aprender un idioma y de motivarnos psicológicamente más para intentar sacar nuestra vida adelante.

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3 responses to this post.

  1. Posted by cmestas on 13/08/2014 at 0:09

    Quiero pensar que en algún sitio tenemos un futuro (yo tengo un trabajo a media jornada de CM, como ya te he dicho alguna vez, en teoría con posibilidad de ampliar a jornada completa, pero… Nunca acaba de llegar). El problema es el “mientras tanto”. Todo el mundo me dice que me siga formando, y seguro que tú también lo has escuchado antes, pero sinceramente, estoy (hablando mal y pronto) hasta las pelotas de estudiar. Carrera, máster, idiomas, la maldita titulitis me está volviendo loca. ¿Qué hacemos mientras esperamos esa llamada que nunca llega? Y lo que mas me preocupa si al final no tengo razón y no hay futuro para mí, ¿Es que yo no tengo el mismo derecho que mis padres a tener mi propia casa, coche, o en definitiva, una vida?

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