¡Feliz año 2015!

Siguiendo la tradición, la última entrada anual la dedico a realizar una valoración de cómo he visto el año que termina y siempre aprovecho para agradecer a tod@s mis seguidoras/es su fidelidad, sus consejos y su interés por mi actividad y mis reflexiones. Os deseo a tod@s un 2015 lleno de éxitos y de buenas noticias.

La verdad es que este 2014 ha tenido un poco de todo. A nivel personal debo decir, en resumidas cuentas, que no me siento del todo satisfecho. Quienes me conocéis sabéis que soy un culo inquieto, y el hecho de haberme pasado nueve meses sin trabajo no lo llevé nada bien. Es verdad que la oportunidad que me ofrece la beca del Parlamento Europeo (que terminaré el 17 de febrero) es toda una buena experiencia, pero sinceramente, en quince días cumpliré 29 años y me veo otra vez dependiendo de mis padres, sin estabilidad, sin trabajo (o sin un buen trabajo, porque la realidad en nuestro país es que quien trabaja ya no gana el dinero suficiente para automantenerse) y quien sabe si sin alternativas a corto plazo.

Os prometo que sería el primero en alegrarme de que España ‘despegara’, tal y como dijo Rajoy en su última rueda de prensa. Eso significaría que mi país por fin vuelve a ser un lugar estupendo donde vivir. Comprendo que el Presidente del Gobierno no salga ante los periodistas diciendo que todo sigue mal (tanto por su propio interés [y el de su partido de cara a las elecciones de 2015] como por el de tranquilizar a los inversionistas y a los mercados [que se dice ahora]), pero el triunfalismo no lleva más que a indignarse con sus palabras. En mi caso personal, desde que Rajoy está en La Moncloa no he trabajado nunca en España. Durante estos tres años nadie me ha ofrecido una sola oferta de trabajo. Mis perfiles en Infojobs, en Infoempleo y en LinkedIn los actualizo con cierta frecuencia y me presento a diferentes puestos laborales. Repito: nadie me ha dado la oportunidad en España de trabajar desde que el PP regresó al poder en diciembre de 2011. ¿Qué recuperación, qué despegue, de qué hablas, Mariano? Y sin que sirva de consuelo, sé que a mi alrededor hay mucha gente peor que yo. Quienes leéis estas líneas podéis pensar que soy un privilegiado, que nunca me ha faltado un lugar donde dormir, ni he pasado hambre ni he tenido otro problema más que el de no tener mi vida resuelta para siempre (por decirlo de alguna manera). Vale, todo eso es cierto, pero uno se pone unos mínimos, y mirando mis prioridades, no tengo a corto plazo la sensación de llegar a conseguir esos retos. Por supuesto que no se trata de tirar la toalla o de no hacer nada. No. Hay que moverse, hay que intentarlo y hay que arriesgarse, pero este año fue negativo para mí en cuanto a que me puse unos objetivos que no se cumplieron.

Dejé mi trabajo en Alemania (estaba en un hotel de Múnich como camarero de piso) harto de no parar, de ver como aquella empresa no se preocupaba por la plantilla y de pensar que la oportunidad de tener a mi padre en Inglaterra iba a venirme bien para mejorar mi inglés. Desgraciadamente me pasé cuatro meses en Bedford sin conseguir nada, motivo por el cual en junio decidí regresar a Asturias. Allí más de lo mismo. Bruselas me salvó este año en el terreno laboral, pero no deja de ser una beca limitada a cinco meses (menos da una piedra, pero me tocaba de nuevo salir del país para trabajar). Este año he pisado el suelo de ocho países distintos (Alemania, Rumanía, Irlanda, España, Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo y Francia) y me podríais decir de nuevo: ‘Diego, ¿pero tú de qué te quejas?’. Bueno, a veces uno entra en un bajón o en un estado de ánimo pseudodepresivo al ver que su vida no va como uno quisiera. Tengo historias de españoles que he conocido en Bruselas (y en otros sitios) terroríficas, en plan de que su última baza es conseguir algo allí sí o sí. No es mi caso. Hasta la fecha jamás me he encontrado entre la espada y la pared, pero tampoco he podido iniciar mi vida sin el paraguas de mis padres. Ojalá 2015 sea el fin de este problema.

La situación en mi casa en estos últimos tres meses fue curiosa: mi madre seguía en Oviedo, mi hermana en Lisboa, mi padre en Bedford y yo en Bruselas. Por una parte cada uno tenía su trabajo, cuestión sin duda positiva, pero por otra quedaba reflejado que nuestro país nos había obligado a buscar un trabajo o una becas fuera del territorio nacional. Desde hace unos días estamos todos juntos en Inglaterra pasando las Navidades, pero seguro que para todos quedará en el recuerdo esas multiconversaciones por Skype para contarnos nuestro día a día.

Terminado el plano personal, ahora me centraré más en lo social y profesional, en lo que más me ha hecho reflexionar este 2014. El periodismo sigue sin ‘despegar’ tampoco. Al revés, sigue yendo a peor. Es otro motivo que me lleva a empezar a barajar la posibilidad de enterrarlo y dedicarme a otra cosa (el problema es en qué otra cosa, porque no hay tampoco algo que esté creando empleo y más de calidad. De la clase empresarial española tampoco podemos esperar muchos milagros viendo a personajes como Mónica de Oriol en cargos importantes). Jordi Évole se inventó aquel reportaje del 23-F y nos hizo ver que no todo lo que cuentan los medios es verdad (afortunadamente al final del programa se avisó de que era un cuento, pero cualquier informativo de Telemadrid no termina de la misma manera); manifestantes, policías y medios de comunicación no dejaron de inventarse cifras de asistentes a las manifestaciones según sus intereses; Esther Palomera fue despedida de La Razón por no seguir la línea editorial del rotativo (gran ejemplo de la libertad de expresión); El País y El Mundo cambiaron de Director este año (nunca antes se había producido algo parecido); TVE registra mínimos históricos de audiencia gracias a las ‘habilidades’ de ‘compañeros’ como Sergio Martín; y, como último ejemplo, no han parado de sucederse EREs y/o cierres.

Pero quizá lo que más nos ha condicionado ha sido Podemos. Para bien o para mal está en todas las bocas, en todas las conversaciones, en todos los debates de televisión. Sin duda controlan la comunicación como ningún otro partido político. Son nuevos, son la esperanza de mucha gente indignada que está hasta las narices de las promesas de unos y otros. Su irrupción en el Parlamento Europeo ha abierto la posibilidad a que puedan en este 2015 ser la primera fuerza política en diferentes sitios. El PP se ha llevado un castigo en las europeas fruto del ‘desgaste del poder’ (recordemos que no han cumplido ni una sola iniciativa de su programa electoral) pero quien se ha dado el golpetazo mayúsculo fue el PSOE. Afronté con mucha ilusión las elecciones internas, porque era de los que creía (y sigo creyendo) que el Secretario General no puede ser elegido por un Congreso con unos determinados delegados (que no siempre representan la pluralidad de la militancia). Puse todo mi tiempo y mis ganas por el partido con quien consideraba que podía ser nuestra mejor opción (José Antonio Pérez Tapias) y lamentablemente no ganó. Venció Pedro Sánchez, un compañero al que le deseo el mejor de los éxitos porque nuestro país necesita un PSOE fuerte para seguir construyendo nuestro futuro. No confié nunca en IU ni en UPyD, no me creo a Podemos y lo peor que nos puede pasar es que el PP siga gobernando. Ojalá el Partido Socialista remonte, vuelva a formar mayorías y aplique políticas diferentes a la derecha, porque hay gente que con razón nos acusa de haber gobernado tomando medidas no muy distintas a las que hace el Partido Popular. Para recuperar la confianza de toda esa gente Pedro Sánchez tiene un duro trabajo por delante, porque convencer a los que ya están muy cabreados es tarea casi imposible. En cualquier caso veremos qué pasa, pero siempre y cuando el PP no gobierne, todo me parecerá fantástico. Y le recuerdo a quienes jalean de los peligros de la extrema izquierda que el peligro lo tiene precisamente el otro bando que avanza a mi juicio demasiado rápido. Hay casi 100 eurodiputados en el Parlamento Europeo en esta legislatura de corte xenófoba, racista, fascista… y esos son nuestros verdaderos enemigos. Así que no queda otra que ponerse a trabajar e intentar que este 2015 se llenen de votos a la izquierda (y si son para el PSOE, mejor). Nada me haría más ilusión que volver a ver en mi ciudad a un Alcalde socialista. Ojalá Wenceslao y el resto de compañeros que se presentan en otros municipios de Asturias y del país puedan formar gobierno, al igual que para aquellos que se presentan a las elecciones autonómicas. Ya de las generales quedará un largo camino hasta que se celebren… (por cierto, todo mi apoyo para los españoles que viven fuera y quieren votar, ya que la historia del voto rogado es un asunto que dificulta y mucho el poder hacerlo).

Este año hemos cambiado de Rey. Algo que me molesta muchísimo es ver que mi partido haya apoyado más a la Monarquía ahora que cuando se discutía la Constitución de 1978. Y no hemos parado de conocer casos de corrupción, algunos demasiado dolorosos como el de José Ángel Fernández Villa, alguien con quien yo no tenía mucha simpatía pero del que nunca imaginé que fuera un ladrón. Afortunadamente la justicia parece que funciona y este año hemos visto a políticos, empresarios y otros famosos entrando en la cárcel. La prisión no debe ser (ni para ellos ni para nadie) un lugar de venganza, pero lo que era inconcebible es que quedara impune el choricear. Aún con miles de trabas que habrá de sectores poderosos para que los jueces no puedan ejercer libremente su labor (empezando por la imputación de la Infanta Cristina) es de celebrar que poco a poco quienes se han aprovechado un cargo público paguen sus delitos con las penas que les corresponda.

Las mujeres ganaron una batalla importantísima, como fue la de parar la ley del aborto, pero han perdido la de estar protegidas y se han elevado los casos de terrorismo machista. La ex Ministra Ana Mato fue un desastre tanto en este campo como en el sanitario, donde la crisis del Ébola evidenció que nunca debió acceder a ocupar ese cargo. No son mucho mejor los demás ministros de Rajoy. Sinceramente, creo que tenemos el peor Gobierno de la democracia.

Han pasado diez años del 11-M. Hemos discutido de si es normal o no que haya gente a través de las redes sociales que aproveche su anonimato para amenazar o si los clubes de fútbol deben terminar de una vez por todas con las hinchadas violentas. La Ley Mordaza nos impedirá tomar fotografías a los policías que abusen del uso de la fuerza. ETA cada vez se difumina más en nuestras vidas (salvo para aquellos que siguen usando la lucha antiterrorista como baza política), pero a mí a lo que me recuerda es a Manolo Santaella, uno de mis jefes en La Moncloa, porque el día en que la banda anunció el ‘cese definitivo de la actividad armada’ me llamó para contármelo. Desgraciadamente su corazón dejó de latir este 2014 (otros lamentarán las pérdidas de Emilio Botín, la Duquesa de Alba, Luis Aragones y/o Adolfo Suárez, entre otros).

Bueno, lamento la parrafada (y eso que he quitado temas). Soñemos con un mundo mejor en 2015. Hay que ir a por todas. La clave es no rendirse. ¡A por ello! 🙂

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